"EN CHILE, LOS QUE NO PUEDEN GANAR CORRIENDO, QUIEREN GANAR ESCRIBIENDO"


Sin pelos en la lengua ni reparos a la hora de criticar el bajo perfil de la mujer en el trailrunning nacional y el espíritu errado que tendría esta comunidad. Sin estructuras ni pautas que le ordenen los entrenamientos, la dieta, la vida. Psicóloga, con dos magíster a cuestas y actualmente haciendo un doctorado en Educación, que si bien cursa en Nueva York, por estos días la tiene en Chile porque acá quiso hacer el trabajo de campo para su tesis.
 
Así es Andrea López, una chica capaz de correr 200 millas (320K) y salir a hacer trekking a la mañana siguiente, con la misma entereza con la que quiere dejar huella en el trailrunning, primero como corredora, y después desde la justicia social y de género.
 
Sin dudas, faltan más como ella... O quizás están ahí, y como dice Andrea, "el trail no les ha dado espacio para mostrarse".
 
 
¿Cómo fueron tus inicios en el running y cuál la motivación?
En el colegio realicé algo de deporte, lo típico, pero después me diagnosticaron artritis y me dijeron que no podría practicar nada por dos años. Eso me volvió sedentaria, cosa que se hizo habitual en el tiempo. Esa situación duró hasta 2009, cuando estaba estudiando sin trabajar al mismo tiempo, por lo que tenía un poco de tiempo libre y entré al Nike Running Team (NRT), para empezar a correr. Ahí ya tenía 25 años y muchas ganas de correr un maratón. Para eso fui cumpliendo las distancias típicas en calle, hasta que logré correr el maratón. Ya con esa meta cumplida me propuse tiempos a vencer y cuando lo conseguí ya sentí que necesitaba nuevos desafíos.
                                                                          
¿Recuerdas cuál era ese tiempo que te impusiste para el maratón?
Sí, era el tiempo mínimo para clasificar al Maratón de Boston, 03h40m, y yo hice 03h35m. En ese momento me di cuenta de que ya mucho más no iba a mejorar, porque la verdad es que no soy tan dedicada con el entrenamiento. Entonces quise orientar mis desafíos a alguna otra actividad y justo coincidió con que había un par de carreras de cerro en ese entonces. Eso fue en 2011, y la verdad es que me cambió todo. Correr en cerro me gustó de inmediato.
 
¿Dejaste la calle?
No. Sigo corriendo maratones, hace poco corrí el de Viña del Mar. No es que entrene en pista ni midiéndome los tiempos, pero hago calle igual, un poco por distracción. Aunque ahora sufro mucho más corriendo un maratón en calle que una ultra en cerro...
 
¿Por qué te gustó tanto el cerro?
Encuentro que ahí corro para pasarlo bien, en lugares bonitos con mucha naturaleza, y no estoy preocupada de otras cosas, como los tiempos, por ejemplo. Una igual tiene un lado competitivo, y eso sigue existiendo en mí, pero en el cerro la atención se centra también en otras cosas, se conoce gente, hay un nivel de sufrimiento y riesgo mayor y eso genera relaciones más profundas, es un mundo más íntimo. Y como todos nos vamos poniendo metas medio "ridículas" para el resto de las personas, solo entre corredores nos entendemos.
 
¿Qué metas te fuiste poniendo en un principio?
Quería correr una ultra, y partí con los 50K del Endurance Challenge, y después subí a 80K para terminar con 160K, distancia con la que me sentí feliz. Esos primeros 160K los corrí en La Misión (Argentina), en 2012. Y en marzo de 2013 fui al Atacama Crossing.
 
¿Sigues perteneciendo a algún club o team?
Cuando empecé a correr en cerro seguía perteneciendo al NRT. Pero como es netamente de calle de a poco me fui alejando hasta que me salí. Después pertenecí a algunos grupos especializados en trailrunning, pero la verdad es que siempre terminaba sola, porque los grupos son muy estructurados para como yo me tomo los entrenamientos. Así que ahora no estoy con ningún grupo.
 
¿Y cómo son tus entrenamientos entonces?
No sigo una estructura definida. Si me preguntas por lo que haré la próxima semana, no tengo idea. Eso lo voy viendo día a día. Cuando uno se inscribe a una carrera de 160K claramente va viendo cuántas semanas quedan y hay que estructurarse un poco y hacer también salidas largas que te ayuden a probar ciertos aspectos. Pero eso ocurre en esas situaciones especiales. Pienso que las carreras largas, donde uno va más lento, te permiten vivir bajo esta filosofía y es así como yo lo entiendo. Yo podría tener el privilegio de entrenar más duramente, pero también sé que mi cuerpo tampoco da para entrenar mucho más. Además, mis expectativas no son ir a ganar la carrera; si es una distancia larga solo me preocupo de completarla y no quedar lesionada.
 
¿Cómo moderas las cargas de trabajo? ¿Tu cuerpo manda?
Así es. Igual hago otras cosas, como triatlón para complementar. Y al gimnasio me dan ganas por períodos... y ahora no estoy yendo. Lo mismo que el yoga, hago pero a veces; ahora no. De todas formas, lo que amo es seguir yendo al cerro.
 
Mientras estoy en Chile salgo a entrenar al San Cristóbal si son salidas cortas. A la calle me meto solo si tengo muy poco tiempo. Y para salidas más largas me arranco algún fin de semana y me uno a algún grupo que salga a entrenar, o parto sola a los ceros de Santiago, como en Quebrada de Macul, Saltos de Apoquindo y alrededores.
 
¿Y cómo es tu día a día en cuanto a la alimentación?
No tengo ninguna dieta especial. Por supuesto que trato de comer saludable, pero con las carreras largas cuesta porque todo se desequilibra y después de golpe pasas a un período en que tienes mucha hambre. En realidad mi dieta es normal, y trato de comer las porciones recomendadas de frutas y verduras aunque no son mis favoritas.
 
Queda claro que no sigues pautas previo a una carrera pero, ¿y durante ella?
Tampoco. La verdad es que solo voy preocupándome de los tiempos de corte, porque suelo ir un poco justa. El ritmo que me impongo tiene que ver con llegar con la máxima holgura posible para que no me corten. Yo soy lenta en las subidas, pero rápida en las bajadas y en plano, así que aprovecho esos trechos para recuperar y compensar la pérdida de tiempo. Subir es lo que más me cuesta, más que el frío, más que el calor.
 
¿Cómo vive una mujer en el mundo del trail? ¿Igual que un hombre o las cosas son distintas?
Siempre he dicho que el espacio que tienen las mujeres dentro del trail no es el mismo que el de los hombres. Eso es algo que me molesta mucho, y no solo pasa acá sino que en todas partes. Por ejemplo, es cosa de ver lo ocurrido en la charla "Director de Carrera", donde hubo 10 hombres hablando del futuro del trailrunning y ninguna mujer, porque ninguna mujer organiza nada, y eso está mal. Esa es una señal y un síntoma que podemos ver en distintos planos, como también en lo referente a auspicios.
 
Ahora mismo vimos en el último Endurance lo ocurrido con Marlene Flores; no sé si por ser mujer se le castigó pero siempre queda la sensación de que se le da más libertades a los hombres. No sé si fue el caso, pero al menos lo sucedido fue bueno para que este tema fuera conversado por toda la comunidad del trailrunning.
 
A propósito de comunidad, ¿cómo es este pequeño mundo?
En Estados Unidos la comunidad del trailrunning surgió porque los corredores querían estar en contacto con la naturaleza, con una filosofía algo más hippie, menos enfocada en el resultado. Pero en Chile esto nunca fue así. Veo que el ultrarunning es más farandulero, más posero. No es algo exclusivo de Chile, pero acá se da mucho. Incluso muchos eventos que se hacen acá tienen un espíritu distinto, con muchas estrellas, mucho espectáculo.
 
En Chile hay muy buena onda gracias a que existen grupos, y la verdad es que en la mayoría de las veces se compite sanamente. Pero, al momento de darle visibilidad en las redes sociales a los problemas o temáticas que giran en torno al trail, ves que cada uno pelea porque siente que su postura es la única válida. En Chile, los que no pueden ganar corriendo, quieren ganar escribiendo. Las redes sociales son buenos espacios para el debate, pero hay poco debate. Y es en esos espacios donde la opinión de las mujeres es muy poco valorada, entonces uno se aburre y deja de participar.
 
Existe una masa crítica que va en contra de la farandulización del trail, y que reclama pidiendo que al corredor se lo ponga al centro de cada evento...
Muchos critican pero nadie hace nada. Es lo mismo que ocurrió con Ultra Fiord. En ese caso las consecuencias fueron graves, alguien murió. Yo pensé que después de eso la reacción sería tremenda, de absoluto rechazo hacia la organización, pero ahí están... todos inscritos, con el precio al doble. No digo que se trate de crucificar a alguien, pero sí que debemos exigir algunos mínimos. Si quieres formar comunidad, no te puede importar tan poco que se muera alguien.
 
Pasando a un tema más amable, ¿dónde te ha gustado más correr?
La verdad es que de cada carrera uno se queda con algo. Por ejemplo, en el Atacama Crossing fue increíble estar una semana ahí, conviviendo en la carpa. Sufrir por la comida y el calor hace que todos tengan una unión diferente. Y también hay otras carreras, con grandes paisajes, que son maravillosas.
 
Y supongo que hay otras que no te han gustado..
Sí, como el Mont Blanc. No me gustó nada, desde cómo los voluntarios te recibían, a la tremenda cantidad de gente. Era todo muy frío: la onda, los corredores, los voluntarios...¡y el taco en el cerro!
 
Disfruté tanto el lugar, todo es tan precioso. Pero no podía dejar de pensar en que lo estábamos destruyendo...
 
Sobre ese punto, los montañistas se quejan de que el trailrunning es muy destructivo, y los corredores se defienden. ¿Qué opinas?
Debemos ser súper conscientes de que cada carrera le hace daño al lugar por el que estamos pasando, y que esa perspectiva de sustentabilidad que existe en otros países, lamentablemente todavía no se instala realmente en Chile. Eso pasa, quizás, porque los eventos todavía no tienen el status necesario como para cuestionárselo demasiado. Es cosa de ver la cantidad de basura que queda después de una carrera. En el último Endurance, por ejemplo, no puede ser que no hubiera baños en largos tramos cuando había 2.000 personas corriendo.
 
¿Dónde te gustaría correr? ¿Qué te falta?
Bueno, hace poco corrí 200 millas en Estados Unidos, y la distancia me gustó mucho. Por eso me gustaría correr el Tor des Geants algún día. Pero para este año ya estoy inscrita en un 200 millas de nuevo en Estados Unidos, así que Europa va a tener que quedar para después.
 
¿Qué viene en el futuro cercano para ti?
La verdad es que desde hace harto rato que vengo diciendo que me voy a retirar, pero aquí sigo... (risas). En fin, en el mediano plazo, y después de ver que es tan poco democrático el acceso a la ultradistancia, tanto por genero como por clase social, me gustaría tener un rol más activo para permitir que otros y otras pudieran acceder a trailrunning.
 
Desde una posición de privilegio se puede decir: "pero si los cerros están ahí, a la mano", o "no necesitas tanto para ir a correr al cerro". Pero ese "algo" desde esa posición de privilegio puede significar mucho para otros.
 
Y respecto de la mujer, históricamente se nos ha dicho que no podemos, que no somos capaces, que esto o lo otro no es para nosotras y hay que ser señoritas y no ensuciarse... Por supuesto que esto ha cambiando harto, pero igual falta. Ahora que estoy haciendo mi trabajo de campo para el doctorado en algunos colegios, veo que en los recreos todos los niños salen a jugar fútbol y las niñas se quedan sentadas mirándolos. Eso repercute en la adolescencia: ¿qué capacidad tiene una mujer para hacer deportes de resistencia? Mientras a más temprana edad haya exposición a estos deportes, va a cambiar la visión y se puede conformar una cultura diferente.
 
¿Y cómo piensas aportar?
No sé, hay varias cosas que se pueden hacer, en los colegios, con adolescentes vulnerables, etc. No sé cómo todavía, pero sí sé que quiero abordar esos aspectos de alguna forma, porque llega un punto en que te empiezas a meter en el tema y empiezas a mirarlo más críticamente también. Los que tienen posiciones más preponderantes dentro del trail también podrían hacer algo, pensar sobre el privilegio que tienen y desde ahí aportar para que todo sea más democrático.
 
Y ahí tenemos otra cosa que ocurrió en el Endurance, que es el hecho de que haya ganado Óscar Olguín, sin ningún auspicio y sin equipo suficiente para correr hasta casi el día de la competencia. Todos empatizamos y celebramos ese triunfo simbólico, pero... ¿y qué vamos a hacer? 
 



   



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