Marathon des Sables 2107: 9 días sobre las extremas dunas del Sahara


En 2010, después de ir a correr a Mont Blanc, juré no volver a una carrera organizada por franceses. Hasta ahora esa sigue siendo la peor carrera a la que he ido, ya sea a correr o mirar. Pero eran tantas las ganas que tenía de hacer Sables y correr en el Sahara que tuve que romper mi juramento.
 
 Por Cristián Sieveking Vera. Ultramaratonista y Director de Revista PuroFondo.
 
Para mi grata sorpresa la experiencia con la organización de Sables fue diametralmente opuesta a la de Mont Blanc. Se trata de una carrera donde los organizadores exceden la preocupación promedio por los corredores. A pesar de ser una competencia multidía de autosuficiencia extrema en el desierto de Sahara uno siempre se siente observado, a pesar de que no es así en realidad.
 
La logística es impresionante, con 700 personas en el staff, 60 médicos, 150 vehículos de distintos tipos, 2 helicópteros y 2 tuaregs con sus respectivos camellos para ir “barriendo” el circuito.
 
La inscripción se puede hacer de dos formas: solo la carrera o la carrera más los traslados París-Ouarzazate-París. Preferí esta última opción que es la más segura y conveniente para no tener problemas y llegar bien. Nos citaron el día 7 de abril recién pasado, a las 7:00 de la mañana en el terminal 3 del aeropuerto Charles de Gaulle. El terminal estaba lleno de corredores, todos con sus mochilas de competencia al hombro, porque nadie se arriesga a perder el equipamiento para correr, así que siempre a la mano y en la cabina del avión.
 
Un vuelo chárter de tres horas nos llevó a Ouarzazate (Marruecos, la meca del cine con desiertos (muchas superproducciones son hechas por el Atlas Studios). Apenas bajamos del avión con un trámite de inmigración bastante lento, comenzamos un recorrido de 6 horas en bus hasta el campamento uno. Un par de horas antes de llegar nos entregaron el libro de competencia donde recién nos enteramos del recorrido (siempre es secreto), terrenos, altimetría y distancias. De esta manera, uno puede armar la mochila después de haber pasado una noche en el campamento para conocer la temperatura nocturna y, sumando los datos del recorrido y kilometraje, calcular la comida y suplementos.
 
Las “jaimas” (tela de lana gruesa que sirven de toldo), serían nuestro refugio por los próximos nueve días. En el campamento solo nos dan agua a temperatura ambiente, y el agua está racionada ordenadamente por lo que queda registrada la entrega en una tarjeta plastificada que sirve de check point. Si falta una marca nos penalizan y si pedimos más agua que la asignada también. Los dos días que estamos en el campamento antes de partir nos proveen de todo, agua, tres comidas diarias, etc.
 
En nuestra jaima éramos 7 personas. Nahila Hernández, que sería la guía de Rafael Jaime, un corredor mexicano ciego que lamentablemente abandonó en el tercer día; el gran corredor peruano Remigio Huamán Quispe, que terminó 5to en la General; los mexicanos Gustavo Rico, residente en Dubai, David Liaño, con más aventuras que Tin Tin (7 subidas al Everest con 6 cumbres en distintas modalidades), y, por último, Iván Carmona, triatleta que era el "Don Juan" de la Jaima con las historias más divertidas de sus accidentes en bicicleta (podría estar destruido desparramado en la jaima, pero pasaba una dama y rápidamente se sentaba como si estuviera en la playa y lanzaba su bonne après-midi mademoiselle!!). Fue un grupo extraordinario, lo que no es menor cuando vas a compartir con otra gente unos pocos metros cuadrados durante 9 días.
 
Para cocinar llevé cocinilla y olla. Algunos prefieren hacer fuego, pero el humo es muy molesto para los vecinos así es que opté por la cocinilla. Preparé mi comida y suplementos según el kilometraje y es en esto donde cometí un grave error... Cuando vi el recorrido leí que el día uno era de 30K, el dos de 39K, el tres de 31K, el cuatro de 86K, el quinto se espera a todos los corredores, y el sexto de 42K. Si bien ahí se termina la competencia, el séptimo día se corren 7K fuera de carrera, que si bien solo son para reunir fondos para caridad, son obligatorios.
 
El error fue que subestimé la dureza de los tres primeros días. Si bien eran relativamente cortos fueron extremadamente duros, con temperaturas sobre los 54°C y sin una gota de viento. Se corrieron sobre muchas dunas y unas subidas muy fuertes, donde había que usar manos y pies para trepar. Incluso, en las zonas más complicadas había cordeles.
 
Con los pies sobre la arena
 
El primer día estuvo todo Ok, pero el segundo me sentí muy mal y creí que iba a colapsar. Finalmente me comí los suplementos de carrera que tenía para el día de la maratón después del día largo, ya vería cómo los reponía, pensé... Terminé tan mal  que solo pude caminar al final del día, así es que me alimenté y descansé lo mejor que pude para enfrentar los 31K del día siguiente, sin azúcares para consumir durante la carrera. Estos 31K fueron durísimos y tuvimos que escalar y subir con cuerdas, luego muchas dunas, etc...
 
El cuarto día era el decisivo, con sus 86K. Afortunadamente mis pies estaban muy bien, yo me sentía con fuerza y ganas de correr. Este día partió muy temprano, porque Nahila con Rafael debían reunirse con organización a las 6:00 am porque los llevarían a Ouarzazate tras el retiro de Rafael. Los acompañé hasta el vehículo y regresé a la jaima para seguir con la rutina antes de partir.
 
Muy diferente a otros eventos de este tipo, el director de carrera, Partirck Bauer, se paraba sobre un jeep y nos cantaba música rock para animarnos antes de ir a la largada. Luego rendía cuentas del día anterior (un corredor que colapsó, otro que tuvo un infarto), saludaba a quienes abandonaban y luego felicitaba a los que estaban de cumpleaños. Con más de mil corredores siempre había dos o más a quienes cantarles el “happy birthday". Luego daba la largada, todos los días con "Highway to Hell" de AC/DC. Patrick también nos esperaba y saludaba en los distintos check points.
 
Así, con "Highway to Hell", partimos los 86K con muchas ganas ya que terminando exitosamente este día uno queda más tranquilo y confiado en el éxito de la competencia. Mi carrera no tuvo contratiempos, con muchos kilómetros de dunas subiendo y bajando. Al caer la tarde me alcanzó Marco Olmo, lo saludé y corrimos juntos un rato. Él estaba muy cansado y claro, con 68 años estaba en los top 50 de la general (ellos parten más tarde ese día). No sé cómo pude entenderme con él en italiano, pero me imagino que el deporte es un idioma universal. Dijo que quería venir a Chile, pero no a correr; me dijo que ha escuchado que es muy lindo y quiere visitarnos como turista.
 
Por la noche se activa la fauna de manera impresionante. En las dunas aparecen los escorpiones, ratones del desierto, serpientes, arañas acróbatas -que se cruzaban a cada rato-, y varios bichos más. Finalmente, cerca de las 2:00 am llegué al campamento; ahora restaba dormir. Ese sería un día de descanso esperando que lleguen todos dentro de las 36 horas.
 
El remate
 
Fui a Sables con dos objetivos. El primero era terminar y, el segundo, hacerlo dentro de los primeros 10 de mi categoría, donde érmos 52 viejos experimentados y duros. Todos los días por la tarde nos entregaban los mails de saludos que nos enviaban, Nahila me mandó uno que decía “Estás a un minuto del 11 y a 4 minutos del 10”. Yo no sabía si ellos iban mejorando, o si estaban bien o no tras el día largo. En fin.
 
Mi estrategia para el último día fue correr los 42K a full, todo lo que aguante. Y así lo hice. Lo bueno es que pude sostener el ritmo bastante bien. Como me había comido los azúcares para esta maratón el día 2, estaba preocupado. Pero, afortunadamente, David Liaño me regaló uno de sus geles. Demoré el máximo posible en comerlo, y como anduve bien me lo tomé en unas dunas entre el CP 2 y el CP 3. Finalmente la meta estaba a la vista a unos 4K. En ese momento me pasa Marco Olmo, lo saludo y ya me enfoco en la meta.
 
Cuando llegué había una línea para recibir la medalla y ahí estaba Patrick Bauer, como un papá recibiendo a sus hijos, con la medalla de finisher esperando a cada uno de los más de mil corredores.
 
A mí me esperaba Fernando Bórquez, de Victoria Films, que estuvo conmigo desde París documentando todo lo que viví durante la carrera desde dentro.
 
Llegamos a nuestra jaima, pero el viento la había botado como a varias otras, así es que nuestros hermanos argentinos nos acogieron en la de ellos que estaba muy cerca de la nuestra. Ya había terminado, tenía mi medalla de finisher, ahora faltaba saber si mi segundo objetivo se había logrado. Para ello tuve que esperar bastante, pero valió la pena: había finalizado octavo.
 
Esa sería la última noche de campamento porque aún faltaba hacer los 7K de beneficencia obligatorios, pero fuera de carrera. Una vez completada esta última exigencia, de inmediato subimos a los buses que nos esperaban para un viaje de 6 horas de regreso a Ouarzazate. Ahí estuvimos dos noches y luego tomamos el chárter rumbo a París. Ah, y por supuesto que ahí estaba Patrick Bauer, despidiéndose de nosotros.
 
La sensación que me quedó de esta carrera fue justo la contraria de Mont Blanc. Acá te hacen sentir que eres lo más importante de la carrera, que eres el rey, que ellos están siempre pendientes de los corredores, y eso te hace sentir bien en medio de la nada y con cero comodidades. Gracias a Patrick Bauer y todo su equipo por mostrarnos por qué el Marathon des Sables es la reina de las pruebas multidías.
 
A mí me queda agradecer a Skechers Performance Chile que ha creído en lo que soy capaz de hacer y por entregarme zapatillas extraordinarias para lograrlo.
 
También muchas gracias a Marmot por un equipo para condiciones extremas a toda prueba. Scientific Body que me suplementa e hidrata con lo mejor disponible. A Polar Watches con lecturas exactas. A Phiten que con sus propiedades mágicas me cuida de las lesiones. A Raidlight que tiene las mochilas más usadas en Sables. Y a Coleman que nos apoya en todas nuestras expediciones y actividades.
 
Muchas gracias a todos…
 



   



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